1 de octubre de 2009

2. Alex y su viaje animado de metro

Después de llamar a Héctor me dirijo a la parada de metro de Herrera Oria (sí que vive lejos la tía que conocí anoche), para ir haciendo los trasbordos pertinentes. Es un gran colega mío que vive nada menos que en plena calle Velázquez, en la zona pija de Madrid. Es lo que tiene ser un enchufado de tu padre el concejal... Ya le contaré la movida de anoche, lo del bar y cómo fue ella la que se acercó a invitarme una copa. Buff, qué dolor de cabeza, eso me pasa por volver a mezclar. Y las pirulas que me pasó la tía esta no tienen pinta de que fueran muy buenas. Pero qué buena que estaba. Entro en el metro y me siento al lado de la puerta.


Estaba repasando las fotos, tranquilamente, cuando vi a una chica tremenda montarse en la parada de Plaza de Castilla, justo por mi puerta. Es de esas tías que vienen de empalmar, nada más que de ver cómo se rasca la nariz... Trae unas mayas muy ajustadas que dejan marcadas unas nalgas perfectas, redondas y respingonas, casi esféricas. Una camiseta muy escotada, que dejan ver un canalillo de dos pechos perfectos, tienen toda la pinta de esculpidos a base de cirugía, pero que mas dará eso. Ella se queda de pie, junto a mí, y echa una mirada hacia abajo y me ve, mirando mis fotos del polvo de ayer. Entonces adivino una sonrisa pícara, como diciendo "ayer hiciste cosas malas"... En la siguiente parada entra una vieja y le cedo me asiento, así podré ponerme de pie junto a la piba, que ahora hace como que no estoy. Ella se mira en el espejo que sacó de su bolso y a través de él me ve cómo le estoy mirando. Cierra el espejo, y se queda mirandome, directamente. De repente, llegamos a la siguiente parada, y entra un montón de gente. Me pego a ella. Ahora nos hemos quedado rozándonos como sin querer..

Mi mano ha desdendido y se ha posado en su muslo. Qué prietos que están, esta tía se tiene que machacar en el gimnasio a base de bien. En la curva de Colombia, nos juntamos más, y noto cómo su mano tropieza con mi abultado paquete, ya despierto y dispuesto a más marcha. Ella empieza a masajear mis testículos, entre el gentío. Yo hago lo propio con sus nalgas duras. Qué tía más viciosa. Durante la siguiente parada, cuando entró más gente, nos fuimos arrinconando a la esquina del vagón. Ella se quedó de espaldas a mí, y se dejó caer, rozándome su culo con mi paquete. A esta le gusta que los demás del vagón se nos queden mirando. En la siguiente parada, ella se dirigió hacia la puerta y se bajó. Yo, por supuesto, fui detrás de ella...


En el pasillo largo, sólo se oían sus pasos, marcados por sus tacones, y los míos, con mis botines. Cuando llevábamos un rato andando, se dio la vuelta y me gritó: "¿Dónde se supone que vas, capullo?" Le respondo "Voy donde me sale de los huevos. Y tú, ¿a qué se supone que jugabas en el metro?" A lo que se quedó callada, mirando hacia abajo. Lo siguiente que recuerdo es nuestras bocas juntas, luchando las lenguas dentro. Mis manos recorrían su cuerpo, y ella me cogió del colgante y me dirigió al hueco que queda en una parada en obras. Cómo se nota que esta tía se ha llevado a más de uno a este sitio, porque se conocía el camino a la perfección, me conduce hacia adentro andando hacia atrás, sin parar de besarme. Su mano izquierda se dirigió a mi culo, y lo apretó con fuerza, mientras me mordió la oreja y me lanzó su aliento a la vez. Mmmm, eso me hizo echar mi cabeza hacia atrás y ella aprovechó para besar mi cuello. Esta tía sí que sabe como poner cachondo a un tío.

Sin casi ni darme cuenta, ya tenía mi pene en su boca, dándole repasos con una lengua que nunca terminaba. Desde arriba tenía una inmejorable vista de sus preciosas tetas, además de poder admirar su mirada de viciosa, mientras se golpeaba el glande varias veces en la lengua, con un sonoro chapoteo que hizo darse una voltereta mis testículos. Todo un espectáculo para mi vista y mi oído, además de hacerme gozar como pocas lo habían hecho con cada succión. Le agarré del pelo y le acompañé el movimiento con mi cadera, hasta casi penetrarla por la boca...

Y me vine en ella, dándole una abundante carga de mi esencia densa y blanca. Ella no dejó de chupar en ningún momento, incluso se relamía de gusto...

Y de repente, suelta "Si quieres un polvo son 60, la mamada te la regalo."

Ya tengo otra cosa más que contarle a Héctor. Joder, si hubiera tenido 60 euros... Desde luego mereció la pena el rodeo...

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